First Impressions

English translation below.

Me he enamorado de Gijón. Ya llevo seis semanas viviendo en esta ciudad costera que se encuentra en el norte de Asturias. Todavía no he descubierto todo lo que se ofrece aquí, pero no se podría pasar una semana en esta parta poco apreciada de España sin encontrarse con la gente amable – y sus perros –, descubrir las vistas impresionantes y los muchos caminos y rincones hermosos y, por supuesto, probar la comida asturiana.

Vivo en el centro, cerca del puerto, a diez minutos a pie de la playa de San Lorenzo y la Cimadevilla, el barrio antiguo de Gijón. Hay muchos aspectos de esta ciudad maravillosa de que podría escribir lo cual voy a guardar para otro artículo. En éste, quiero compartir mis primeras impresiones de la vida en España. Tengo mucha suerte de vivir aquí y estoy contenta de pasar los próximos ocho meses al lado de la costa preciosa de Asturias. Sin embargo, no sería una experiencia completa sin algunos contratiempos.

La barrera del lenguaje es más grande que esperaba. Llegué aquí pensando que mi español era mejor de lo que es. Cuando estudias una lengua extranjera, a veces acabas viviendo en una burbuja segura donde la lengua parece bastante sencilla porque sólo lees y ves las cosas que te gustan y no hablas con nadie más que tus compañeros (con quienes compartes los mismos intereses) que tienen el mismo nivel que tú o con extranjeros que aprenden inglés, y por eso entienden las dificultades que conllevan el aprendizaje de otra lengua.

En Asturias, hay poca gente que habla inglés, a diferencia de los lugares más turísticos de España. Existe también la lengua asturiana que algunos hablan y es donde proviene los aspectos más enrevesados del dialecto español aquí. Aunque sabía todo esto antes de venir, tenía confianza en mis competencias lingüística. La realidad es que la gente habla muy rápido y, por supuesto, no hacen frases en la misma manera que yo como angloparlante.

Cuando vas al extranjero, ya sea por las vacaciones o una estancia más larga, debes anticipar muchos sucesos embarazosos en las que no entiendes la palabra clave de la frase que explica la situación. Incluso ahora, después de seis semanas sumergida en la cultura española, eso me pasa. Todavía no he olvidado del suceso desagradable en el centro de salud cuando la mujer detrás de mí se quejó a la recepcionista, sin ninguna discreción, de que me estaba tomando demasiado tiempo. Estaba avergonzada, molesta y frustrada. Sin embargo, para mejorar en otra lengua, tienes que no dejar que tales situaciones te afecten. Claro que hay que reconocer tus errores, pero si te concentras en los momentos incómodos del pasado, nunca mejorarás tu nivel. He pasado demasiado tiempo haciendo eso y sólo ahora estoy consciente de cuánto nos puede impedir progresar.

Me preocupo demasiado de lo que opina la otra gente sobre mí. Como extranjera, me siento cohibida hablando en el supermercado o si alguien se dirige a mí en la fila para el autobús porque ya no puedo fingir que soy española. Eso no debería ser un problema, pero a veces me pregunto si la gente me juzga ya que no vengo de su país, si le molesto simplemente porque no puedo encontrar todas mis palabras a tiempo o, más extremo, porque mi país quiere salir de la unión europea. Lo más probable es que no piensa eso, pero no es fácil ignorarlo.

Además, me frustra que mi falta de confianza de hablar y mi tendencia de contener lo que quiero decir o incluso evitar un lugar donde sé que tendré que hablar en español me impide mejorar mi español. Conozco a personas cuyo español es peor que el mío, pero hablan con más fluidez que yo y a otras que llevan menos tiempo aprendiendo una lengua extranjera, lo que hacen durante su tiempo libre, y hablan mejor. Con todas estas personas, su común denominador parece ser su amor o facilidad de hablar con otra gente. No hablan perfectamente, pero tienen menos vergüenza y sin duda se preocupan menos de lo que piensan los demás de sus errores y su acento.

Sabiendo todo eso no resuelve mi problema inmediatamente, pero poco a poco espero poder relejarme más cuando hablo y preocuparme menos por las opiniones de otras personas. Estaba empezando a aprender eso durante mi estancia en Francia, pero el cambio de país e idioma me hizo perder el equilibrio, así que tuve que empezar de nuevo.

Al principio, cuando hice mi solicitud de auxiliar de conversación con el British Council, quería quedarme en un pueblo pequeño, lejos de los angloparlantes y los aspectos turísticos de España. Ahora que vivo en Gijón, estoy contenta de estar en una ciudad, pese a que hay algunos turistas (más españoles que ingleses). Descubrí que no es simple encontrar a los hispanohablantes con quien puedo hablar. Aunque vivo con dos españolas, no las veo a menudo porque ya tienen sus proprias vidas. A diferencia de mí, ya tienen sus propios amigos, su familia, y un ritmo. Vine aquí para hacer amigos, olvidando que a la gente aquí no le hace falta un nuevo amigo.

Gracias al programa de auxiliares de conversación y la ESN (Erasmus Student Network) he hecho muchos amigos – no todos son hispanohablantes, pero amigos que hablen inglés son mejores que nadie. También, me di cuenta de que a veces necesitamos hablar con la gente en nuestra lengua materna para poder expresarnos libremente y sin restricciones. Me habría sentido muy sola si hubiese decidido vivir en un pueblo desconocido. No es tan fácil conocer a la gente del país, a menos que te involucres en eventos, clubs (por ejemplo, me apunté en un club de lectura para jóvenes adultos) o vayas a los mismos lugares donde ves las mismas personas que te reconocen y te hablan. Hay que ser proactivo si quieres mejorar tus competencias orales – no esperes que la gente te venga.

Por último, ha sido difícil adaptarme a unos aspectos de la cultura española. Quiero subrayar que, en general, me gusta mucho la gente española y quería venir a España para aprender seguir su estilo de vida típicamente más relajado que él en el Reino Unido. No obstante, muchas veces me dejó atónita el comportamiento de algunas personas. Me llamó la atención que se disculpan poco las personas por inconvenientes menores, por ejemplo, si alguien tropieza conmigo o un camarero lleva el plato equivocado por error. Asimismo, es raro que la gente te sonría en la calle y tiene la tendencia de hablar muy fuerte y entrar en tu espacio personal. Por supuesto, no hablo de toda la gente, pero es una observación general que he hecho.

Aunque aquello podría insinuar que los españoles son irrespetuosos, no creo que sea el caso. En el Reino Unido, la cultura se basa en la cortesía y ocultar nuestros sentimientos negativos con una pretensión. Eso no significa que somos mejores personas, sino que sabemos cómo fingir ser así. En España, la gente no se molesta con falsa amabilidad, por lo tanto, parece más sincero y franco. También, sus ruidosas tendencias intrusivas, aunque puede ser demasiado para alguien más reservado, sólo reflejan su pasión para el tema de conversación.

A lo que todavía me estoy acostumbrando son las horas de comida – la comida a las tres y la cena a las diez por la noche – y también los horarios de las tiendas que normalmente se cierran de las dos hasta las cinco por la tarda, durante la siesta, y se abren de nuevo por la noche. Dicho eso, esto hace que la vida nocturna en España sea más dinámica y me encanta el ambiente en las calles a estas horas.

Los alumnos al instituto donde trabajo se sorprendieron cuando se enteraron a qué hora comemos en mi país. Debido a mi trabajo, a veces tengo que conformar a la hora de comer en España, pero, cuando pueda, me quedo con mis hábitos británicos porque no me gusta cenar tan tarde y todavía no entiendo cómo añadir el almuerzo y la merienda, dos comidas adicionales que comen los españoles, a mi dieta diaria sin comer en exceso.

Hay todavía mucho lo que tengo que aprender y descubrir. Seis semanas no es tiempo suficiente para adaptarse a una cultura diferente y conocerla bien, pero estoy disfrutando la experiencia y estoy impaciente por ver cómo mis observaciones cambiarán en los próximos meses.

English Translation:

I’ve fallen in love with Gijón. For six weeks now I’ve been living in this coastal city located in the north of Asturias. I still haven’t discovered everything which is offered here but you couldn’t spend a week in this under appreciated part of Spain without coming across the friendly people – and their dogs -, discovering the impressive view and the many trails and beautiful corners and, of course, trying Asturian food.

I live in the centre, near to the port, ten minutes on foot from San Lorenzo beach and Cimadevilla, Gijón’s old town. There are many aspects of this wonderful city that I could write about which I’ll save for another post. In this one, I want to share my first impressions of the life in Spain. I’m very lucky to live here and am happy to be spending the next eight months along Asturias’ beautiful coastline. However, it wouldn’t be a fulfilled experience without a few hiccups along the way.

The language barrier is greater than I expected. I arrived here thinking my Spanish was better than it is. When you study a foreign language, sometimes you end up living in a secure bubble where the language seems quite easy because you only read and watch the things you like and you don’t with anyone else other than your class mates (with whom you study the same interests) who have the same level as you or with foreigners who are learning English and therefore understand the difficulties that learning another language come with.

In Asturias, there are few people who speak English, unlike other more touristy places in Spain. There is also the Asturian language which some people speak and is where the more convoluted aspects of the Spanish dialect here come from. Although I knew all this before coming, I was confident about my linguistic skills. The reality is that the people speak very quickly and obviously don’t form their sentences in the same way I do as an English speaker.

When you go abroad, whether it be for a holiday or a longer stay, you must anticipate many embarrassing incidents in which you don’t understand the key word in the sentence which explains the situation. Even now, after six weeks submerged in Spanish culture, this happens to me. I still haven’t forgotten about the unpleasant situation in the health centre when the woman behind me complained to the receptionist, without any discretion, that I was taking too long. I was embarrassed, upset and frustrated. However, to get better in another language you mustn’t let such situations affect you. Of course, you need to recognise your mistakes but if you focus on past uncomfortable moments, you’ll never improve your level. I’ve spent too much time doing this and only now am I aware of how much it can hold us back from progressing.

I worry too much about what other thinks about me. As a foreigner, I feel self-conscious speaking in the supermarket or if someone addresses me in the queue for the bus because I can no longer pretend that I’m Spanish. This shouldn’t be a problem but sometimes I wonder if people judge me because I don’t come from their country, if I annoy them simply because I can’t find all my words in time or if, more extreme, because my country wants to leave the European Union. The most likely thing is that they don’t think that, but it’s not easy to ignore.

What’s more, it frustrates me that my Spanish is prevented from improving because of my lack of confidence to speak and my tendency to hold back what I want to say or even to avoid a place where I know I’ll have to speak in Spanish. I know people whose Spanish is worse than mine and yet they speak more fluently than I do, as well as others who have spent less time learning a foreign language, which they do during their free time, and they speak better. They don’t speak perfectly but they are less embarrassed and certainly worry less about what others think of their mistakes and accent.

Knowing all this doesn’t resolve my problem immediately but bit by bit I hope to be able to relax more when I speak and worry less about other people’s opinions. I was starting to learn this during my stay in France, but the change of country and language made me lose my balance, so I had to start again.

At first, when I applied to be a language assistant with the British Council, I wanted to stay in a small town, far from English speakers and the touristy aspects of Spain. Now that I live in Gijón, I’m happy being in a city, even though there are some tourists (more Spanish than English). I discovered that it’s not simple finding Spanish speaker with whom I can speak. Although I live with two Spanish girls, I don’t see them often because they already have their own lives. Unlike me, they already have their own friends, their family and a rhythm. I came here to make Friends, forgetting that people here don’t need a new friend.

Thanks to the language assistants’ programme and the ESN (Erasmus Student Network) I’ve made many friends – not all Spanish speakers but friends who speak English are better than no-one. Also, I’ve realised that sometimes we need to speak with people in our mother tongue to be able to express ourselves freely and without restrictions. I would have felt very lonely if I had decided to live in some unknown town. It isn’t easy to meet people from the country, unless you get involved in events, clubs (for example, I signed up to a book club for young adults) or you go to the same places where you see the same people who recognise you and talk to you. You have to be proactive if you want to improve your oral skills – don’t wait for people to come to you.

Finally, it’s been difficult adapting to some aspects of Spanish culture. I want to highlight that, overall, I really like Spanish people and I wanted to come to Spain to learn to follow their lifestyle which is typically more relaxed than the one in the United Kingdom. However, sometimes I’ve been stunned by the behaviour of some people. I’ve noticed that few people apologise for minor inconveniences, for example, if someone were to walk into me or a waiter brought the wrong dish by mistake. In addition, it’s rare for people to smile at you in the street and they tend to speak very loudly and enter your personal space. Of course, I’m not speaking about everyone but it’s a general observation I’ve made.

Although this could that Spanish people are disrespectful, I don’t think that’s the case. In the United Kingdom, the culture is based on politeness and hiding our negative feelings with a pretence. This doesn’t mean that we are better people, but rather we know how to pretend to be so. In Spain, people don’t bother with false friendliness and so they seem more sincere and genuine. Also, whilst their noisy, intrusive tendencies could be too much for someone more reserved, they simply reflect their passion for the topic of conversation.

What I’m still getting used to are the eating times – lunch at 3pm and dinner at 10pm – as well as the opening times of shops which are normally closed from 2pm to 5pm, during siesta, and reopen at night. That said, this makes the nightlife in Spain more dynamic and I love the atmosphere in the streets at this time.

The students at the secondary school where I work were surprised when they found out at what time I eat in my country. Due to my job, I sometimes have to conform to Spanish eating times but, whenever I can, I stay with my British habits as I don’t like to eat so late and I still don’t understand how to add almuerzo and merienda, two additional meals that Spanish people eat, to my daily diet without overeating.

There is still so much more that I have to learn and discover. Six weeks is not enough time to adapt to a different culture and know it well; however, I’m enjoying the experience and I look forward to seeing how much observations will change in the next few months.

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