Castilla-La Mancha

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Ciudad Real

Toledo

Consuegra

Antes de ir a Castilla-La Mancha, me dije que quería conocer al menos un poco sobre la historia famosa por la cual se conoce esta comunidad autónoma y es de ahí que me compré Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes (de la Colección Cucaña que es una versión más sencilla), y comencé a conocer al personaje amado desde hace siglos.

Ciudad Real

Cogí el tren de Madrid a Ciudad Real para empezar mi viaje, teniendo las mismas ganas que el caballero que vivía para las aventuras. Vi los apartamentos y las fábricas reemplazarse por pasturas y montañas, dejando atrás la vida atareada, y poco a poco las llanuras se convertían más secas y desiertas.

La Puerta de Toledo

Al llegar en Ciudad Real, no había mucho que ver. Fui primero a la Puerta de Toledo, a unos treinta minutos andando de la estación de tren. Construida en tiempos del Rey Alfonso X (el siglo XIII), la estructura de piedra formó parte de las muralles de la ciudad.

De aquí, me dirigí hacía el centro de la ciudad donde llegué justo a tiempo en la Plaza Mayor para ver el espectáculo del Reloj Carillón. A ciertas horas durante el día, cuando las campanas repican para marcar la hora, tres figuras salen de la torre del reloj: Cervantes, Don Quijote y Sancho, el escudero del caballero. Mientras la música suena, las figuras se mueven, como si estuvieran actuando por los lugareños y visitantes.

Hay tanto tiendas como restaurantes alrededor de la plaza. Probé un plato manchego de duelos y quebrantos en El Ventero que me gustó mucho.

Adonde vais depende de cuánto tiempo tengáis. Yo visité la Catedral de Santa María del Prado, pero si os apetece hay también el Gran Casino de Ciudad Real y el Museo Provincial que están muy cerca. Además, hay la Iglesia de San Pedro, el Museo de la Merced, y la Plaza del Pilar en la que se halla una escultura a Don Quijote.

Luego caminé un poco más hacía el lugar por lo que decidí visitar esta ciudad: el Museo del Quijote. Abierto todos los días, (y cerrado entre las 13:45 y las 17:00), el museo expone obras artísticas, fotografía y presentaciones auditivas y visuales sobre el mundo de Don Quijote. En el exterior, justo en frente del Parque Gasset, hay dos estatuas a Don Quijote y su caballo Rocinante, además de Sancho Panza y su asno.

Al otro extremo de esta calle hay la estación de autobuses donde cogí uno por la tarde para ir a mi próxima destinación: Toledo. Compré un billete por adelantado con Interbus.

No hace falte más de un día para aprovechar lo esencial de Ciudad Real y no la recomendaría a menos que os gustase Don Quijote, puesto que existe muchas referencias a esta historia en la ciudad.

Toledo

Qué diferencia cuando llegué. Aunque estaba oscuro, podía sentir que esta ciudad antigua tiene más ambiente. Es más, la vista del Alcázar de Toledo iluminado de abajo fue impresionante. Estuve aquí hace casi dos años, pero no podía apreciar la belleza del paisaje, la arquitectura y la historia porque fue mi primera vez en España; no podía compararlo a otras ciudades, así que estoy contenta de que mi viaje me llevara aquí de nuevo.

Es más, si no hubiese estado aquí antes, no habría sabido que la subida al centro de Toledo es muy larga y empinada. A menos que os guste caminar al final de un día agotador, os aconsejo que toméis las escaleras mecánicas, que están situadas en el camino entre la estación de autobuses y el Puente de Alcántara.

Antes de buscar mi alojamiento tomé tapas y una copa de vino tinto en la Plaza Zocodover y absorbé la vida nocturna alrededor de mí (nota al margen, la calidad de comida en esta plaza no está muy buena por el precio). Me quedé en el Hotel Santa Isabel que recomendaría sin duda. Está muy cerca de muchos lugares de interés y las habitaciones son muy cómodas y a muy buen precio.

Desayuné temprano en el hotel y luego salí para explorar la ciudad. Toledo es conocido por sus momentos medievales árabes, judíos y cristianos de los cuales son muchos.

Comencé al Paseo del Tránsito desde el cual se tiene una vista preciosa de los barrios pequeños y el paisaje hermoso. Desde aquí, fui a pasear por las calles, pasando por el Monasterio de San Juan de los Reyes y el Puente de San Martín.

El ayuntamiento de Toledo y la Santa Iglesia Catedral se hallan en el mismo lugar, a cinco minutos a pie del Paseo del Tránsito. Cuesta 12 € para visitar la catedral, pero solo 2,50 € los domingos si eres español o tienes residencia en España.

Luego volví a Zocodover. Las calles que se conectan a y rodean esta plaza están llenas de tiendas diferentes y os recomiendo que les echéis un vistazo si tenéis el tiempo.

Otros lugares que recomendaría son el Alcázar del Toledo (dentro, hay el Museo del Ejército), la Mezquita del Cristo de la Luz, que ofrece más bonitas vistas panorámicas de la ciudad, y la Puerta Nueva de Bisagra.

Si ya no lo habéis cruzado, tenéis que pasar por el Puente de Alcántara que es la mejor entrada a la ciudad. Si estáis aquí, habréis visto el castillo situado en una montaña en el otro lado del río. Para ellos que no saben, era antiguamente un monasterio y castillo medieval, pero ahora funciona como un albergue juvenil, así que no se puede entrarlo sin autorización.

Desde asimismo el Puente de Alcántara y el mirador del Valle, podéis sacar fotos magníficas de Toledo.

El mirador está a unos 20 minutos andando del puente y, aunque parezca mucho, fue mi vista preferida de la ciudad, así que os animo a verla. Además, durante el camino, podréis ver otra ruta abajo que os lleva debajo de los puentes y a una colina donde se ecuentra el Cerro del Bu, un yacimiento arqueológico.

Hay mucho que ver en Toledo y no podéis partir sin aprovechar una visita guiada gratuita que siempre ofrecen. Seguís el enlace aquí para reservar un plazo. Lo normal es dar cinco o diez euros al final de la visita si te ha gustado, pero no es obligatorio.

En cuanto a la comida, hay un montón de cafeterías y restaurantes que sirven platos manchegos, pero también unos internacionales. Toledo es muy conocido por su mazapán y se puede comprar muchas variedades en las tiendas.

Consuegra

La última parte de mi viaje, y tal vez la más especial, fue mi visita a Consuegra para ver los molinos sobre los que Cervantes escribe en su libro Don Quijote.

Lo primero que tengo que decir es que los horarios de los autobuses en Internet no son muy claros: no es posible comprar billetes para todos los trayectos por adelantado en Internet; el sitio web de SAMAR no se actualiza desde hace años; y no responden a los correos electrónicos. Por lo tanto, saqué fotos de los horarios de las dos líneas de SAMAR que viajan entre Toledo y Consuegra. Dicho eso, he leído también que se puede visitarla desde Madrid y Ciudad Real con Interbus.

Consuegra es un pueblo pequeño y tranquilo. Al llegar, hay que caminar durante unos 20 minutos al Cerro Calderico donde se encuentran los doce molinos de viento y el castillo de Consuegra. A lo largo del camino, pasaréis por otros puntos de interés, por ejemplo, la Plaza de España, la Iglesia del Santísimo Cristo de la Vera Cruz, la Santa María la Mayor y la Iglesia de San Juan.

Para cenar, podéis visitar la Casa de la Tercia. Los empleados son muy amables y la comida es rica. Llegué allí un poco temprano pero me dejaron beber en el bar mientras esperaba a que el comedor se abriese.

Si pretendéis dormir en Consuegra, el dueño del Hostal Posada de los Cónsules es muy acogedor y las habitaciones rústicas son limpias y cómodas (aunque un poco frías).

Quiero terminar contándoos sobre los molinos – la razón principal por mi viaje a Castilla-La Mancha. Hay que saber que hay más molinos en otros pueblos de Castilla-La Mancha y no es decir que Cervantes escribió sobre aquellos en Consuegra. Sin embargo, cuando estáis allí, podéis entender cómo el escritor encontró su inspiración para los “gigantes” contra los que Don Quijote lucha.

“Luchar contra molinos de viento” – pelear contra enemigos imaginarios;

–¿Qué gigantes? –dijo Sancho Panza.
–Aquellos que allí ves –respondió su amo– de los brazos largos, que los suelen tener algunos de casi dos leguas.
–Mire vuestra merced –respondió Sancho– que aquellos que allí se parecen no son gigantes, sino molinos de viento, y lo que en ellos parecen brazos son las aspas, que, volteadas del viento, hacen andar la piedra del molino.
–Bien parece –respondió don Quijote– que no estás cursado en esto de las aventuras: ellos son gigantes; y si tienes miedo, quítate de ahí, y ponte en oración en el espacio que yo voy a entrar con ellos en fiera y desigual batalla.

(Miguel de Cervantes, Don Quijote de la Mancha)

Los doce molinos de viento, todos los que tienen nombres, están situados en una colina y miran desde arriba al pueblo de Consuegra y al paisaje circundante, exactamente como estaban durante los tiempos de Cervantes y muchos años atras.

Los molinos están cerrados salvo por tres: uno funciona como una tienda; otro como una cafetería; y el último, aquel cuyas aspas giran a veces, es un museo que demuestra como funcionan los molinos (y también produce harina de verdad). La entrada con la visita guaida es solo dos euros.

No me quedó el tiempo para visitar el castillo, así que no os puedo decir cómo es, pero estoy segura que puede ser interesante.

Estoy muy satisfecha con mi viaje a Castilla-La Mancha y espero que esta entrada de blog os haya enseñado que no hace falta tener mucho tiempo ni un coche para disfrutar esta comunidad autónoma magnífica.

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