Adapting, Growing, Returning

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¿Qué curioso cómo cambia la vida, verdad? Un momento estás arreglando tus planes para la Semana Santa y de repente esos planes y los que tenías para el verano también se van por la borda.

Después de siete semanas del confinamiento en el que solo se podía salir a la calle por “lo esencial”, como las compras, por fin el gobieno español nos dejó ir a pasear y hacer deporte al aire libre – pero dentro de nuestras franjas horarias, por supuesto.

No es que me quejo de cómo se ha abordado la crisis en España, pero claro que no ha sido fácil para mí. Fue mucho que asimilar. Si me hubieras dicho hace un año que tendría que pasar dos meses a solas en un país extranjero por una pandemia, no me habría marchado de casa. Hace un año luchaba mucho con la ansiedad, principalmente por miedo a lo desconocido, y no sabía si sería capaz de pasar tanto tiempo lejos de mi hogar.

Por suerte – si se puede decir eso – el estado de alarma tuvo lugar hacia el final de mi año en el extranjero y durante este tiempo había ganado mucho en confianza, así que me sentía capaz de manejar la situación y hacer las decisiones correctas para mí aunque estaban llenas de incertidumbre. Supongo que eso en sí mismo es un hito en términos de ansiedad, pero tales cosas no son tan sencillas de reconocer.

No obstante, he tenido suerte, la verdad: todos mis seres queridos y yo estamos sanos y salvos; la situación no me ha afectado financieramente y tampoco ha estropeado algún plan importante que iba a cambiar mi vida. Sin embargo, sé que esto no es el caso para todos y lo siento mucho por ellos que han sufrido.

Como máximo podría decir que lo que pasó “echó a perder” mi año en el extranjero y aunque sí – que me siento un poco amargada y que lamento por las amistades en ciernes y las oportunidades que he perdido además de los lugares que nunca llegué a ver – no puedo dejar que este periodo inesperado les reste valor a los buenos momentos que pasé. Esto no es decir que lo pasé bien todo el tiempo, pero tampoco lo he pasado tan mal durante el confinamiento. Que la pandemia ha suspendido mis planes no significa que no disfruté de “la experiencia del año en el extranjero definitiva”; los últimos nueve meses en su totalidad son lo que definen mi experencia en España. Y estoy agradecida por los puntos de luz durante este periodo de oscuridad que me han permitido crecer como persona y entender mejor este país que he llegado a amar tanto.

He superado lo que espero sea lo peor, viviendo un día a la vez. A mí me gusta hacer planes y saber qué voy a hacer mañana, la semana siguiente, el próximo año… Con una agenda vacía, me sentía perdida. Fijaos, es importante planificar el futuro para que se realice en el presente, pero a veces pasamos tanto tiempo pensando en o preocupándonos por el futuro que olvidamos de lo que pasa ahora. Al fin y al cabo, da igual cuánto tiempo pasemos preparando por lo que va a succeder porque, como hemos visto, nunca es seguro.

Al entender esto, me di cuenta de que tenía que aprender a vivir en el presente y aceptar la falta de certeza. Para conseguir este estado de vivir, decidí darme esta “oportunidad” en confinamiento para relajarme más y hacer las actividades que me gustan, pero que nunca hago porque “no tengo tiempo”. Por lo tanto, empecé a centrarme en cada día que venía y dejar los pensamientos que no me servían. Aún no sé cómo ni cuándo voy a volver a casa, pero aprendo a vivir con tales preguntas que todavía no tienen – o tal vez nunca tendrán – respuestas.

Entonces, en las últimas diez semanas, ¿qué he hecho? Bueno, además de ayudar a mis escuelas con actividades, proyectos y clases virtuales, he visto más series que veo normalmente en un año (por cierto, si no has visto “La casa de papel”, por favor, tienes que verla); he terminado la colección de libros en mi habitación, la cual había comenzado a acumular polvo; he hablado mucho con mi familia y mis amigos; y ¡por fin he encontrado tiempo para escribir en mi blog!

Además, he adquirido de nuevo un antiguo hobby: el yoga. Solía ir de vez en cuando a unas clases en mi polideportivo local en Bangor y me gustaron mucho. Cuando me mudé a Asturias, pretendía seguir la práctica en casa, pero no había tiempo (la historia de mi vida, ¿verdad?).

Es un concepto curioso, el tiempo. Siempre nos dice que no tenemos lo suficiente, que si tuviésemos dos semanas libres, haríamos todo para lo cual no tenemos tiempo ahora. Durante estos últimos dos meses, creo que todos hemos descubierto que el problema no es la falta de tiempo, sino cómo elegimos pasar el tiempo que nos está disponible. Es muy fácil llenar tu día con trabajo y tareas, y luego decir que no te quedó tiempo para relajarte. Lo que he aprendido es que las pausas son fundamentales para nuestro bienestar; el descanso no es un lujo, sino un derecho y debería ser una parte obligatoria de tu día.

Muchos de nosotros, yo incluido, tenemos mucho más tiempo que antes, pero aún no hemos cumplido todas las cosas que queríamos hacer durante la cuarantena. Dos meses parecen dos semanas, ¿dónde se han ido las horas?

A lo mejor es una cuestión de hábito, como cepillarse los dientes, entonces apliqué esto al yoga. Ya que tenía todo el día libre, decidí no esforzarme a hacer la práctica antes del amanecer como un yogui de Instagram. Pensaba que sería mejor hacerlo cuando me apetecía en algún momento durante el día para que fuera más una elección en vez de una obligación.

Sigo un canal de YouTube que se llama “Yoga with Adriene” (Yoga con Adriene) y es la mejor instructora de yoga en casa que he encontrado. Ella rebosa positividad y sabiduría, y por eso que me inspira tanto. En fin, ofrece una variedad de videos gratis y también hace retos de “30 days of Yoga” (30 días de yoga), de los que hay seis en su canal. Es más introduce el mindfulness y la meditación en sus clases lo que me ha ayudado mucho con el estrés y la tensión muscular que me afectaban a menudo, sobre todo durante este periodo de tanta incertidumbre. Os dejo el enlace a su canal abajo para que podáis echarle un vistazo.

https://www.youtube.com/yogawithadriene

Sigo trabajando en mi español con libros y series y tal – y de verdad, estos recursos me han ayudado un montón a fortalecer mis compentencias lingüisticas más de lo que esperaba – y ahora que podemos quedar con amigos y ir a los cafés y bares, puedo practicar la conversación con una caña y aprovechar el lenguaje que me rodea.

La situación nos ha afectado de distintas maneras: hay quienes han sufrido mucho por lo que pasó lo que se ve en su angustia y desesperación, pero en algunas personas, se muestra en su egoísmo, paranoia, y hipocresía. Hay miedo y desconfianza en las calles; la mascarilla nos oculta la sonrisa.

Sin embargo, también veo los frutos que ha llevado este cambio en nuestras vidas diarias. Mientras que algunos se han alejado de los demás, otros se han dado cuenta de la importancia de ser una comunidad y, por lo tanto, aportan su granito de arena para ayudar a aquellos que lo necesitan. Tengo más conversaciones con las personas en la cola – a dos metros de distancia, claro – para tal vez compartir nuestros miedos y frustraciones sobre la situación o para dejar que los mayores pasen adelante. Además, hablo a menudo con el portero de mi bloque de apartamentos con quien tengo un entendimiento mutuo porque es de Argentina y tampoco tiene su familia. Son pequeños momentos así que contribuyen en gran medida.

Y los aplausos… Nunca me he sentido tan cercana a mis vecinos y tan orgullosa de estar en solidaridad con España como durante este tiempo muy difícil. Aunque ahora se han desvanecido los aplausos por el hecho de que tenemos más libertad, jamás olvidaré éste símbolo de apoyo y positividad que vi desde mi hogar en Gijón.

Al fin, tal vez lo más precioso que he aprendido por esta experencia es la capacidad de apreciar lo sencillo en la vida. Por las tardes, me gusta sentarme a solas en una terraza con mi libro y un café (y tal vez un dulce asturiano); a veces me gusta observar a la gente o escuchar un podcast (os recomiendo Entiende Tu Mente en Spotify). A través de esta práctica de darme cuenta de las cosas pequeñas, he podido reflexionar más sobre realmente lo que me importa en la vida. Veo un cambio positivo en mis deseos y mis planes para el futuro – bueno, no que pueda controlarlo – y no creo que ésta sea la última vez que estaré en España.

El Paseo del Rinconín, Gijón, Asturias (Fotografía: Rachel Organ)

English Translation

It’s funny how life turns out, isn’t it? One minute you’re sorting out your Easter plans and then the next, those plans and the ones you had for summer go out the window.

After seven weeks of lockdown in which we could only go out for “the essentials”, such as food shopping, the Spanish government finally let us go outside to go for a walk or exercise (within our time slots, of course).

I’m not complaining over how the crisis has been dealt with in Spain but, naturally, it hasn’t been easy for me. It was a lot to take in. If you had told me a year ago that I would have to spend two months alone in a foreign country because of a pandemic, I wouldn’t have gone abroad. Last year I struggled a lot with anxiety, mainly over fear of the unknown, and I didn’t know if I would be capable of spending so much time away from home.

Luckily – if you can even say that – the state of emergency happened towards the end of my year abroad; during this time I had grown a lot in confidence and felt capable of handling the situation and making the right decisions for me, even though they were full of uncertainty. I guess that’s a feat in itself where anxiety is concerned but these things are not so easy to recognise.

Honestly, though, I have been lucky: all my loved ones and I are safe and sound, the situation hasn’t affected me financially and neither has it ruined some important plan that was going to change my life. Yet, I know this is not the case for everyone and I’m sorry to those who have suffered.

At most I could say that what happened “ruined” my year abroad; however, whilst I do feel somewhat bitter and sad over the budding friendships I’ve lost, the opportunities I’ve missed out on and the places I never got to see, I can’t let this period overshadow the good times I had. That’s not to say I never had any low points, but neither has lockdown been the worst experience. The fact the pandemic has put my plans on hold doesn’t mean I didn’t get to have “the ultimate year abroad experience”; the last nine months in total are what define my experience in Spain. And I’m blessed for the moments of light during this dark period which have allowed me to grow as a person and better understand this country which I’ve really come to love.

I’ve overcome what I hope is the worst, taking one day at a time. I like planning and knowing what I’m going to do tomorrow, next week, or next year, even; with my agenda empty, I felt lost. Now, it’s important to make plans for the future so that they can exist in your present, but sometimes we spend so much time thinking or worrying about the future that we forget about the now. At the end of the day, it doesn’t matter how much time we spend preparing ourselves for what’s to come because, as we’ve seen, nothing is certain.

With that in mind, I realised I had to learn how to live in the present and accept this lack of certainty. To do this, I decided I would use this “opportunity” in lockdown to relax more and do activities that I like yet never do because “I don’t have time.” I therefore started to focus on each day as it came and let go of the thoughts that didn’t serve me. Even now, I don’t know how and when I’m going to return home, but I’m learning to live with such questions that still don’t have answers (and perhaps never will).

So, what have I been up to in the past ten weeks? Well, apart from helping my schools with activities, projects and virtual classes, I’ve watched more series than I normally do in a year (by the way, if you haven’t watched “Money Heist”, you really need to); I’ve finished the book collection in my bedroom that had started gathering dust; I’ve spoken often with my family and friends; and I have finally found time to write on my blog!

I’ve also picked up an old hobby again: yoga. I used to go to some classes every now and then at my local gym in Bangor which I really loved. When I moved to Asturias. I planned on keeping up the practice at home, but there wasn’t any time (story of my life, right?).

It’s a funny concept, time. We always tell ourselves that we don’t have enough of it and that if we had two weeks free, we would do all things that we don’t have time for now. During these past two months, I think we’ve all realised that the problem isn’t the lack of time, but rather how we choose to spend the time that’s available to us. It’s very easy to fill up your day with work and chores and then say that you didn’t have time to unwind. What I’ve learnt is that breaks are fundamental to our well being; resting isn’t a luxury, but a right and it should be a mandatory part of your day.

Many of us – including myself – have much more time than before and even at that we still haven’t fulfilled all the things we wanted to do during quarantine. Two months feel like two weeks. Where has the time gone?

Perhaps it’s a question of habit, like brushing your teeth, and so I applied this to yoga. Since I would have the whole day free, I decided to not force myself to do it before sunrise like some Instagram yogi. I thought it would be better to do it whenever I felt in the mood to at some point during the day so that it was more of a choice rather than a must.

I follow a YouTube channel called “Yoga with Adriene” and she is the best yoga-at-home instructor I have come across. She exudes positivity and wisdom and it’s because of this that she inspires me so much. Basically, she offers a variety of free videos and does “30 days of Yoga” challenges, of which there are six on her channel. What’s more, she introduces mindfulness and meditation in her classes. These practices have helped me a lot with stress and muscle tension which would affect me often, especially during this period of so much uncertainty. I’ll leave the link to her channel below so that you can check it out.

https://www.youtube.com/yogawithadriene

I continue to work on my Spanish with books and series and such (and honestly these resources have done better than I thought they would to strengthen my linguistic skills) and now that we can go out to cafes and bars and meet friends, I can practise my oral skills over a beer and make the most of the language surrounding me.

The situation has affected us in different ways. There are those who have suffered a lot from what’s happened and you can see it in their anguish and despair. In some people, however, this has shown in their selfishness, paranoia, and hypocrisy. There is fear and mistrust in the streets; our smiles are hidden by our masks.

Nevertheless, I’ve also noticed the good that has been reaped from this shift in our daily lives. Whilst some have distanced themselves from the rest of the world, others have realised the importance of being a community and, consequently, do their bit to help those that need it. I now have more conversations with the people in the queue (two metres apart, of course) to perhaps share our qualms and quarrels over the situation or to let the elderly go to the front. I often speak with the porter of my flat building with whom I have a mutual understanding because, being from Argentina, he doesn’t have his family either. It’s the little moments like these that go a long way.

And let’s not forget the applauding! Never have I felt so close to my neighbours and proud to be in solidarity with Spain than I have done during this very difficult time. Although the clapping has died away now that we have more freedom, I will never forget this symbol of support and positivity that I saw from my home in Gijón.

Finally, perhaps the most valuable thing I’ve learnt from this experience is the ability to appreciate the simple things in life. In the afternoons, I like to sit alone on a terrace with my book and a coffee (and maybe an Asturian pastry); sometimes I like to just observe people or listen to a podcast (if you speak Spanish, I recommend Entiende Tu Mente on Spotify). Through this practise of noticing the little things, I’ve been able to reflect more on what really matters in life. I see a positive shift in my wishes and plans for the future – not that I can control it, anyway – and I don’t think this is the last time that I’ll be in Spain.

El Paseo del Rinconín, Gijón, Asturias (Photo credit: Rachel Organ)

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