Solo in Spain

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Quería escribir esta entrada para reflexionar sobre mi primer semestre en España y resumirlo. Había momentos en los que me sentí eufórica, en paz y nunca quería irme; en otros momentos me sentí sola, abrumada y quería volver a casa – mi casa de verdad en Irlanda del Norte.

Antes de irme a España, me preocupaba por cómo podría vivir lejos de casa durante tanto tiempo. Me dije que, si fuera necesario, podría regresar a casa cada fin de semana – caro y irracional, quizás, pero si tuviera que hacerlo para sobrevivir el año, lo haría. Sabiendo que tenía esta opción me tranquilizó; mi ansiedad aumenta cuando me siento atrapada y fuera de control.

En vez de regresar a casa cada semana, me mantuve ocupada saliendo con amigos, participando en las actividades de Erasmus y, más importante, viajando. En la segunda mitad del semestre, viajé casi todos los fines de semana y me encantó. Vi y aprendí tanto y descubrí un amor por viajar que nunca antes me había dado cuenta. Empecé a apreciar más mi tiempo en España y no quería que terminara, aunque echaba de menos a mi novio.

Resultaba que no podía encontrar un buen equilibrio entre mi vida en España y mi vida en Irlanda del Norte. Cuanto más hablaba con mi novio, más quería volver a casa y cuando vino a verme, decirle adiós fue lo peor. Sin embargo, descubrí que viajar me ayudó a distraerme y cuanto más tiempo pasaba viviendo en el momento, menos tiempo pasaba pensando en mi novio, echándole de menos… y hablando con él.

Tengo suerte de tener un novio tan comprensivo y que me apoya en todo lo que hago. Entonces, cuando me dijo que me echó de menos a mí y que se sentía que apenas hablamos, sabía que me había distanciada demasiado de mi casa de verdad. Estamos juntos desde hace seis años, así que no puedo ser tan egoista cuando mis decisiones le afecta a él tambien. Espero este año mantener un mejor equilibio entre mis dos vidas para que estémos los dos felices.

He llegado a amar mi vida en Gijón y he comenzado a pensar en la posibilidad de pasar más tiempo aquí en el futuro, trabajando como profesor de inglés en una academía o un instituto. Me encantaría una tal oportunidad para conocer aún mejor la cultura española, mejorar mi español y ganar más experiencia pedagógica, pero no lo haría sin mi novio; estamos un equipo. Bueno, es materia de reflexión.

En mi última entrada sobre mi vida personal en España, escribí sobre mi frustración de no hablar suficiente español y el obstáculo de encontrar a hispanoblantes que no me hablaban todo el tiempo en inglés. Desde entonces, me he esforzado a hablar en español en cada momento que se me presenta y trato de criticarme menos. Hay siempre oportunidades, sólo hay que aprovecharlas y no esconderse por la timidez.

Además, busqué a un profesor de español y otro de francés con quienes puedo practicar mi expresión oral, revisar problemas con la gramática y también hablar de temas más académicos de los que hablaría en un bar con amigos. Quería un profesor de francés simplement para no poder la lengua durante este año en España, pero, con la lengua española, me falta todavía mucha información sobre la historía, la política y las figuras importantes en España, así que espero trabajar en esto.

Otro asunto principal de lo que hablé antes fue el sentimiento de ser extranjera y juzgada por los demás por esto. Quería tanto ser parte de este mundo hispanohablante que me critiqué por mis diferencias y mi carencia de conococimientos con respecto a la lengua española. No obstante, un momento en diciembre cambió eso y me pasó en un lugar dónde menos lo esperaba. Durante el último año he sido una gran amante de la agrupación musical colombiana ‘Morat’ y compré una entrada por su concierto en Granada (lo que llegó a una visita de fin de semana largo en Andalucía). Ya conocía la letra para sus canciones y tenía muchas ganas de ir al concierto.

Cuando empezó, me sentía lo normal: impaciente, entusiasta, emocionada. Al cuarta canción, algo cambió y, por ridículo que sea, se me llenaron los ojos de lágrimas. Me llevó un momento para entender por qué, pero llegué a la conclusión que por la primera vez durante mi estancia en España, me sentía que pertenecía al mundo hispanohablante. La música es poderosa y puede traer a la superficie pensamientos y emociones enterrados en lo profundo de nosotros. No tenía nada que ver con la letra de la canción, sino el hecho de que Morat nos cantaba a todos en español, independientemente de nuestro origin o nuestra nacionalidad y el resto de nosotros estábamos juntos, en solaridad, cantando la misma letra y disfrutando la música. Por la primera vez, no importaba que tenía un acento porque conocía la letra y las canciones y por eso pertenecía. No me sentía sola ni diferente ni perdida. Para mí, este momento marcó el momento en el que me sentía parte del mundo hispanohablante.

También, sólo conozco a una otra persona que escucha las canciones de Morat y vive en Venezuela. A veces me siento sola en mi pasión para las lenguas porque la música, los libros, las películas y tal que me interesan no apetecen a mis amigos. Pese a que no conocía a nadie en este concierto, todos estábamos unidos por nuestro amor por la misma música y no fue hasta entonces que me di cuenta de lo sola que me había sentido antes.

Por fin, llegaron las vacaciones. El primer semestre pasó muy lento y muy rápido a la vez porque hice un montón de cosas que tengo la impresión de haber vivido tres años en tres meses. Como expliqué en mi última entrada sobre el comportamiento de los spañoles que conocí, desde mi llegada en España, identificaba las diferencias entre mi cultura y la suya. No obstante, una de las primeras cosas de que mi di cuenta cuando llegué a casa fueron las semejanzas entre los dos países. Aunque, sí, los españoles pueden ser más directos y menos discretos sobre sus opiniones, hay gente igual en Irlanda del Norte, e incluso más en Inglaterra. Esta comprensión fue el primer paso para sentirme menos juzgada – una realidad que, al fin y al cabo, sólo existía en mi mente cohibida.

Volver a casa me hizo bien. Necesitaba un periodo de descanso para pasar con mi novio, mis amigos y recargar las pilas. Aunque quería conocer la navidad en España, fue más importante para mi que pasé una navidad normal con mis seres queridos. También, necesitaba un poco de distancia de España para reflexionar sobre mi estancia allí y volver con la mente fresca.

Muchas personas me preguntaron cuándo me iba ‘a casa’ lo que me entristeció un poco. Como lingüista, pienso mucho en mi selección de palabras y la de los demás y aunque sé que la gente no hace lo mismo y tal vez no quería insinuar que mi casa ya no está en Irlanda del Norte, me hizo pensar sobre dónde está exactemente mi casa.

Eso y otros pensamientos ansiosos generales sobre el futuro me hicieron preocuparme por volver a Asturias. Para vosotros que se sienten lo mismo, quiero que sepáis que está bien. Está normal tener ansiedades y preocupaciones porque nos pasan a todos. Lo importante es que seguís adelante porque al fin y al cabo sólo hay pensamientos y no reflejan la realidad. No van a pasar sólo por pensarlo. Cuando me siento ansiosa, olvido lo increíble que es trabajar en el extranjero como estudiante de Erasmus (una oportunidad que, por lo momento, está en riesgo, y una que espero no sea robada de futuros estudiantes). Lo recuerdo cuando hablo con otras personas sobre la experiencia y sus celos y asombro de que tal cosa exista me recuerda aprovecharlo al máximo mientras puedo y no dejar que mi ansiedad me detenga.

Cuando volví a Gijón, aunque estaba todavía estresada y cansada por el viaje largo y la lista de cosas que tuve que hacer para esta semana, caminando por las calles el día siguiente para hacer la compra, me sentí como en casa. No me preguntaba qué pensaban los demás de mí, no me preocupaba de que alguien se acercara a mí ni de su opiníon de mi acento extranjero cuando hablaba.

Estoy cierta que habrá días en los que eso es todo lo contrario, pero el sentirse de estar en casa sólo puede significar una perspectiva positiva. Ahora sé que es posible tener más de una casa y no tiene que ser un edificio concreto. Creo que la casa se encuentra en cualquier lugar donde estás contento con la gente que te gusta.

Lo que aprendí es que se debe ser paciente consigo mismo. Hay que esperar los momentos difíciles porque pasan a todos, incluso a ellos que muestran lo contrario en sus redes sociales. Vivir al extranjero, aunque parezca a veces una fiesta, al final viene con todas las dificultades y realidades de vivir en su propio país. Cuando nos acordamos de eso, podemos ser más amables con nosotros mismos y salir adelante.

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